La cera

Artistas y artesanas, albañiles y arquitectas, las abejas se alinea en un bloque armónico de celdillas de cera hexagonales, los alvéolos, que son a la vez las cunas de las larvas jóvenes. Estos son los panales de la colmena.

Para producir esta cera, las abejas secretan de sus glándulas de cera-abdominal delgadas películas translúcidas.

La cera no es una producción vegetal, sino una secreción voluntaria de las abejas. Extraen estas películas del abdomen utilizando sus patas traseras, las trasladan a en sus bocas, las mastican con sus mandíbulas y con la saliva lo hacen más maleable.

Luego lo pegan en una forma geométrica perfecta para formar las celdillas. Los panales construidos por las abejas deben cambiarse cada tres años. El apicultor recupera del panal la cera, después de la extracción de la miel, fundiéndolos de acuerdo con diversos procedimientos.

La miel

Todas las mieles, cuando acaban de ser producidas por las abejas, son líquidas. Sin embargo, la mayoría están destinadas a cristalizar. Este cambio de estado natural tendrá lugar después de 2 o 3 días, algunas semanas o incluso varios meses, dependiendo de su composición y su entorno. La composición de la miel tiene una influencia en su textura.

La miel se compone de múltiples azúcares, los 2 principales son la glucosa y la fructosa. Cuanta más glucosa tiene una miel, más rápido se cristaliza. Esta proporción de fructosa / glucosa varía según las flores polinizadas. Por ejemplo, la miel de acacia, que contiene en promedio más de 40% de fructosa y menos de 28% de glucosa, mantendrá de forma natural su textura fluida por más de un año. Por el contrario, las mieles como el trébol, el girasol … con un alto contenido de glucosa tendrán espontáneamente una consistencia espesa, más o menos regular.

Algunas mieles, cuyo nivel de glucosa es de alrededor el 35%, como la miel de naranjo, pueden estar en forma líquida o cremosa. La presencia de micro partículas (granos de polen, burbujas de aire …) también tiende a favorecer la cristalización natural de la miel.

Entonces, ¿miel cremosa o miel líquida?

La miel cremosa, ideal en tostadas, tenderá a endurecerse con el tiempo.

La miel líquida, ideal para endulzar el yogur, fruta, té de hierbas, tortitas, aderezos para ensaladas, platos … tiene el riesgo de cristalizar más o menos rápidamente.

La Jalea Real

La jalea real es una sustancia blanquecina y fluida secretada por las abejas nodrizas de sus glándulas hipofaríngea y mandibular (ubicadas en la cabeza). Es un alimento dotado de un excepcional poder biológico. Aunque esta sustancia ha sido acreditada desde hace mucho tiempo con poderes casi milagrosos, la ciencia del siglo XX reconoce, después de muchos experimentos, múltiples beneficios nutricionales, energéticos y metabólicos. La jalea real contiene muchas vitaminas (B, PP, E).

La jalea real debe consumirse ya sea pura o mezclada con miel.

La Própolis

La abeja cosecha con sus mandíbulas en los brotes de ciertos árboles (por ejemplo: álamo, abedul …) una resina vegetal, própolis, que se mezcla con su saliva. La própolis es un material resinoso, rojizo o marrón, que es utilizado por las abejas para sellar grietas y brechas en la colmena, proteger mejor contra el mal clima del invierno y luchar contra ciertos microbios.

Esta masilla natural tiene propiedades bactericidas, antimicóticas, anestésicas y curativas. Actualmente, el própolis se utiliza por sus propiedades curativas, especialmente en dermatología, pero aún estamos lejos de conocer y explotar todas las posibilidades.

El Polen

Después de recolectar el polen en los estambres, la abeja recolectora mezcla con su saliva para hacer bolas que fija en sus patas para llevarlas a la colmena donde servirán los alimentos. Es esta saliva, rica en enzimas antibacterianas, que aporta al polen una parte de sus virtudes terapéuticas, la otra parte proviene de las plantas y sus beneficios.

Nectar y Mielada

Las flores, para reproducirse, necesitan ser “polinizadas”, para recibir en su pistilo (elemento femenino) el polen, un polvo producido por los estambres (elementos masculinos) de otras flores. Esta polinización es realizada principalmente por abejas que, al alimentarse de flor en flor, llevan el polen en sus patas y lo depositan en los pistilos.

El néctar

Para atraer a estos forrajeadores indispensables, las flores producen una sustancia, el néctar, la sutil mezcla de agua y azúcar secretada por los nectarios (excrecencias glandulares localizadas generalmente dentro de las flores). La abeja de forrajeo lo chupa con su tronco, lo almacena en su cultivo, donde las enzimas naturales contenidas en su saliva entran en acción y lo transporta a la colmena.

La ligamaza

Al igual que el néctar, las abejas se alimentan de mielada, que transforman en miel de la misma manera. Más complejo que el néctar, esta sustancia es obtenida por un intermediario, generalmente un pulgón: pica la planta, se alimenta de su savia y rechaza el excedente en forma de gotitas dulces que se adhieren a las hojas. Las plantas y los árboles que albergan plagas de pulgón como abetos, robles, arces, tilos y también trigo, son por lo tanto fuentes reales de miel.

Alquimia natural

Néctares o mielada, la abeja transforma estas sustancias mezclándolas con secreciones salivales. En la colmena, se someten a numerosas transferencias de cultivo a cultivo y de células a células, mediante sucesivas restituciones. Gradualmente se enriquecen con constituyentes biológicos, se transforman y se concentran gracias a una alquimia natural única, única en el mundo de las abejas. Es difícil estimar la producción anual de una abeja, pero se estima que una colmena produce de 20 a 30 kg de miel por año con una población promedio de 30.000 abejas.

Por ejemplo, un envase de miel que pesa un kilo representa para la abeja obrera unos 200 días de trabajo y 40.000 km recorridos para visitar alrededor de 800.000 flores.

La miel

Por definición, la miel es un producto natural que es autosuficiente y no contiene aditivos ni conservantes. La fecha indicada en los botes es un signo de frescura, la miel puede mantenerse durante varios años conservando su aroma y sus características originales de sabor. De acuerdo con la legislación europea, la simple palabra “miel” en un envase es suficiente para garantizar al consumidor un origen 100% natural. La conformidad de los productos es además regular.